el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 7 min de lectura

Frustración: qué es y por qué aplazas para no sentirla

La frustración es el malestar que sientes cuando algo se interpone entre tú y lo que quieres lograr. Puede ser un obstáculo de afuera, como un trámite que no avanza, o uno de adentro, como no poder hacer algo tan bien ni tan rápido como esperabas. Muchas veces aplazas una tarea para no sentir esa frustración, y la tarea se queda esperando con ella adentro.

Qué es la frustración

La frustración es la reacción que aparece cuando esperabas conseguir algo y no lo consigues, o cuando sientes que no lo vas a conseguir. Su significado viene del latín frustra, que quiere decir en vano: haces el esfuerzo y no llega lo que buscabas.

La psicología la estudia desde hace casi un siglo. John Dollard y sus colegas de Yale publicaron en 1939 Frustración y agresión, donde la definieron como lo que pasa cuando algo bloquea una acción que iba hacia una meta. Su hipótesis era que la frustración lleva a la agresión. La idea se ajustó pronto, porque la frustración puede terminar en tristeza, en resignación o en nada. Aun así describe bien algo cotidiano: el golpe a la mesa cuando la computadora se congela.

Lo que esa hipótesis deja sin responder es qué haces cuando el obstáculo eres tú. Cuando no te sale el primer párrafo, cuando el cuerpo no responde en el gimnasio, no hay nadie contra quien descargarla. Entonces muchas veces ni la descargas ni la sientes: te vas a hacer otra cosa.

La frustración es una emoción

La frustración es una emoción, y como toda emoción se siente primero en el cuerpo: calor en la cara, mandíbula apretada, respiración corta, ganas de soltar lo que tienes en las manos. Dura poco si la dejas pasar y puede volverse rabia o desánimo si se acumula.

Saber que es una emoción sirve para algo concreto. Las emociones traen información. La frustración te dice que hay una distancia entre lo que quieres y lo que hoy puedes hacer. Aparece la primera semana en el gimnasio, cuando levantas la mitad de lo que imaginabas. Aparece en cualquier cosa que todavía no sabes hacer.

Por eso la frustración acompaña casi siempre al aprendizaje. Si nunca la sientes, lo más probable es que estés haciendo solo lo que ya dominas.

Tolerancia a la frustración

La tolerancia a la frustración es la capacidad de quedarte frente a esa emoción sin abandonar lo que estás haciendo. La molestia sigue ahí, y tú sigues con lo que estabas haciendo.

Esa capacidad se aprende y varía mucho entre personas y entre momentos. Un niño pequeño tira el rompecabezas cuando la pieza no entra; con los años aprende a girarla y probar otra vez. De adulto puede pasarte algo curioso: toleras bien la frustración en un área y muy poco en otra. Aguantas una hora de tráfico sin perder la calma y no aguantas cinco minutos frente a una hoja en blanco.

Baja tolerancia a la frustración

La baja tolerancia a la frustración es la dificultad para soportar el malestar de que algo cueste, tarde o salga mal, y la tendencia a evitar lo que lo provoca. El psicólogo Albert Ellis le dio ese nombre y también la llamó ansiedad por incomodidad (discomfort anxiety). Para Ellis, el problema estaba en una creencia que la acompaña: esto no debería ser tan difícil, no lo soporto.

Neil Harrington tomó esa idea y en 2005 creó una escala para medirla, la Escala de Frustración e Incomodidad. Distingue cuatro formas de intolerancia: a la incomodidad, a las emociones desagradables, a que los logros no lleguen y a lo que sientes como injusto. La intolerancia a la incomodidad es la que describe la creencia de que la vida debería ser cómoda y que cualquier esfuerzo o molestia se debe evitar.

Estas herramientas ponen nombre a algo que conoces. Lo que no explican es por qué la misma persona tolera tanto en una cosa y tan poco en otra. La creencia no cambia de un día a otro. Lo que cambia es lo que esa tarea en particular te hace sentir.

Frustración y procrastinación: aplazar para no sentirla

La frustración lleva a procrastinar porque aplazar te ahorra, por hoy, el momento de empezar y hacerlo mal. Ellis y William Knaus ya lo planteaban en 1977, en su libro Overcoming Procrastination: quien aplaza suele creer que no puede soportar la incomodidad de la tarea.

Harrington lo midió en 2005, en un estudio con 86 estudiantes publicado en Personality and Individual Differences. Encontró que la intolerancia a la incomodidad se asociaba con más procrastinación, y que lo hacía por su cuenta, aparte de la autoestima. Es una muestra pequeña y de estudiantes, así que conviene tomarla como una pista. Fuschia Sirois y Timothy Pychyl (2013) llegaron a algo parecido por otro camino: describieron la procrastinación como una manera de aliviar el ánimo en el corto plazo.

Junta las dos ideas y aparece algo que cambia la pregunta. Lo que aplazas casi nunca es la tarea entera. Es el rato del principio, cuando todavía no sale nada bien. Los primeros minutos frente al correo difícil. La primera serie en el gimnasio después de meses. El primer tono de la llamada a tu padre, cuando todavía no sabes cómo va a sonar tu voz. La procrastinación evita esa emoción. La tarea queda como daño colateral.

Hay una frase que escribí hace años en mis notas y que sigue pareciéndome cierta: procrastinas, sabiendo lo que tienes que hacer, cuando tu tolerancia a la incomodidad de empezar es menor que tu deseo de terminar. Quieres el resultado. Lo que no quieres es pasar por la parte en la que todavía no te sale.

Por eso la misma persona aguanta una cosa y no otra. Sacas adelante un turno doble sin quejarte y no aguantas el primer párrafo de un texto que te importa. Tu tolerancia depende de qué tienes delante. El turno cansa igual a cualquiera y tiene un final claro. El párrafo duele de otra manera: te muestra, frase por frase, que todavía no escribes como quisieras.

Ahí está lo que la procrastinación te muestra. Cada vez que aplazas para no sentir la frustración, te quedas sin la información que esa frustración traía: cuánto te falta, dónde estás de verdad. Mientras no empiezas, puedes seguir imaginando que estás más cerca. Por eso aplazar funciona como una defensa, y como toda defensa protege algo y cobra algo. → Mecanismos de defensa

También explica por qué apretar los dientes rinde poco. La fuerza de voluntad puede sentarte frente a la tarea, pero si cada vez es una pelea contra la frustración, buscarás la salida en cuanto bajes la guardia. → Autocontrol

Cómo manejar la frustración

Para manejar la frustración, reconócela cuando aparece, quédate con ella unos minutos sin huir y hazle espacio al hecho de que lo nuevo empieza saliendo mal. La frustración no desaparece. Lo que cambia es cuánto decide por ti.

Reconocerla es lo más difícil, porque la salida suele ser automática: abres el celular sin notar que había algo que evitar. Si alcanzas a ver el momento, el calor en la cara, la mano que busca el teléfono, ya tienes algo con qué trabajar: sabes que lo que estás por aplazar es una emoción.

Después ayuda acortar el tramo que tienes que aguantar. Diez minutos con el texto, una sola serie, marcar el número. La frustración del principio suele bajar cuando ya estás adentro, porque empieza a haber algo hecho. No siempre pasa, y esos días también traen información.

Y ayuda revisar qué esperabas. Mucha frustración viene de pedirle a un primer intento lo que solo da el décimo. Si lo que te frena es la exigencia de que salga impecable, sigue por perfeccionismo; si es el temor a lo que diría de ti, por miedo al fracaso. Si la frustración se vuelve rabia frecuente, irritabilidad que afecta a tu gente o un desánimo que no se va, consulta a un profesional de la salud mental.

Hacer lo que aplazas va a seguir costando esfuerzo. Esa incomodidad del principio casi siempre dura menos que el tiempo que pasas evitándola.

Ahora mismo hay algo que dejaste a medio empezar porque no te salía. Fíjate en lo que sientes al recordarlo. Esa frustración te está diciendo exactamente dónde estás. Para ver el resto de razones detrás de aplazar, están las causas de la procrastinación, y para entender para qué aparece todo esto, empieza por qué es la procrastinación.

Preguntas frecuentes sobre la frustración

¿Qué es la frustración en pocas palabras?

Es el malestar que sientes cuando algo te impide conseguir lo que querías o esperabas. Puede venir de un obstáculo externo o de no poder hacer algo como imaginabas.

¿La frustración es una emoción o un sentimiento?

Se considera una emoción, porque aparece rápido y se nota en el cuerpo. Si se repite mucho puede volverse un estado de ánimo más duradero, como el desánimo.

¿Qué es la baja tolerancia a la frustración?

Es la dificultad para soportar que algo cueste, tarde o salga mal, y la tendencia a evitar lo que provoca esa molestia. Albert Ellis la describió como una de las raíces de la procrastinación.

¿Cómo se manifiesta la frustración?

Con tensión en el cuerpo, calor en la cara, irritabilidad, ganas de abandonar lo que estás haciendo o de distraerte con otra cosa. A veces se nota más en lo que dejas de hacer que en lo que sientes.