el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 8 min de lectura

Mecanismos de defensa: qué son y de qué te protege aplazar

Los mecanismos de defensa son formas, casi siempre automáticas, con las que la mente se protege de algo que le resulta difícil de sentir o de aceptar. Todos los usamos a diario, y como toda protección, tienen un precio.

Qué son los mecanismos de defensa

Un mecanismo de defensa es una manera de reducir un malestar sin enfrentar directamente lo que lo provoca. Te comes el dulce y te dices que hoy te lo merecías.

La palabra clave es función. Una defensa existe porque protege algo. Esto vale para cualquier mecanismo de defensa y vale también para la procrastinación: si aparece una y otra vez, está cuidando algo. La pregunta útil deja de ser cómo eliminarla y pasa a ser de qué te protege y cuánto te está cobrando por hacerlo.

Los mecanismos de defensa según Freud

Los mecanismos de defensa según Freud son procesos inconscientes con los que el yo se protege de ideas, recuerdos o deseos que le provocan angustia. Sigmund Freud usó la palabra defensa en 1894, en “Las neuropsicosis de defensa”, para describir cómo algunas personas apartaban de su conciencia una idea que les resultaba insoportable. Durante años habló sobre todo de represión, y más tarde volvió a usar defensa como el término general.

Quien ordenó la idea fue su hija. Anna Freud publicó en 1936 El yo y los mecanismos de defensa, donde reunió y describió las defensas que el yo usa contra la angustia: la represión, la proyección, la sublimación, la regresión, la formación reactiva y otras.

Décadas después, el psiquiatra George Vaillant les dio un orden. A partir de un estudio que siguió durante décadas a hombres egresados de Harvard, propuso en Adaptation to Life (1977) una jerarquía que va de las defensas más primitivas e inmaduras, como la negación burda o la agresión pasiva, a las maduras, como el humor, el altruismo y la sublimación. Su hallazgo central fue que quienes usaban con más frecuencia defensas maduras vivían mejor y envejecían mejor.

Lo que la psicología actual cuestiona

La psicología actual cuestiona que todas estas defensas existan tal como Freud las describió. Roy Baumeister, Karen Dale y Kristin Sommer (1998) revisaron la investigación experimental sobre siete de ellas. Encontraron apoyo sólido para la negación, la formación reactiva y el aislamiento. Para otras, como el desplazamiento, la evidencia fue escasa.

Eso no vuelve inútil la idea. Describe con precisión algo que reconoces en ti: a veces te proteges de lo que duele sin darte cuenta. Lo que deja sin responder es para qué te sirve, en tu caso concreto, cada protección. La lista te da nombres. La respuesta sigue estando en tu propio instante.

Tipos de mecanismos de defensa

Los tipos de mecanismos de defensa más conocidos son la represión, la sublimación, la proyección, el desplazamiento, la racionalización y la negación. Son los que más se ven en alguien que aplaza.

Represión

La represión como mecanismo de defensa consiste en sacar de la conciencia un recuerdo, un deseo o una emoción que te resulta insoportable. Lo que se reprime se olvida. Según Freud, sigue influyendo desde abajo.

Ejemplo: llevas meses sin pensar en el lunar que te preocupaba, y cuando alguien lo menciona sientes una incomodidad que no sabes de dónde sale. En la procrastinación se parece a la cita médica que no está en tu agenda ni en tu cabeza, hasta que algo te la recuerda.

Sublimación

La sublimación como mecanismo de defensa es canalizar un impulso difícil hacia algo valioso o aceptado. Freud y Vaillant la consideraban de las más maduras.

Ejemplo: la rabia que te deja una discusión la conviertes en una hora intensa de gimnasio. También existe la versión que aplaza: ordenas el escritorio entero, lavas los platos, respondes correos atrasados. Gastas la energía en algo útil, y lo que te habías propuesto sigue igual.

Proyección

La proyección como mecanismo de defensa consiste en ver en otros lo que no aceptas de ti. Atribuyes afuera lo que te cuesta reconocer adentro.

Ejemplo: te molesta muchísimo el compañero que siempre llega tarde, y tú llevas un año sin cumplir lo que te prometiste. Quien aplaza suele ser durísimo con la impuntualidad o la flojera ajena. Mirar el defecto en otro alivia.

Desplazamiento

El desplazamiento como mecanismo de defensa es descargar una emoción sobre alguien o algo menos peligroso que su verdadero origen. La emoción es real. El destino está cambiado.

Ejemplo: tu jefe te humilla en una reunión y en casa le contestas mal a tu pareja. En la procrastinación aparece así: la tarea te angustia y la angustia se va al teléfono, a la comida, a una pelea por algo pequeño.

Racionalización

La racionalización como mecanismo de defensa consiste en dar una explicación razonable a algo que hiciste por otros motivos. La explicación suena lógica. Llega después de la decisión.

Es la defensa favorita de quien aplaza. “Trabajo mejor bajo presión.” “Hoy no estaba inspirado.” “Mañana tengo la cabeza más fresca.” Chu y Choi (2005) llegaron a proponer una procrastinación activa, de gente que deja las cosas para el final a propósito y rinde bien. Estudios posteriores vieron que eso se parece más a una demora planeada. Cuando yo me contaba que trabajaba mejor bajo presión, lo que hacía era pasar la noche en vela antes de cada entrega. Me decían Mister Finalista, y a veces salía bien. Esa frase me protegía de mirar lo otro: que me estaba pidiendo en una noche lo que pedía meses.

Negación

La negación como mecanismo de defensa es rechazar una realidad que está a la vista porque aceptarla duele demasiado. Lo ves y actúas como si no existiera.

Ejemplo: el pantalón ya no cierra y sigues diciendo que encogió en la secadora. En la procrastinación la negación se escucha así: “todavía tengo tiempo”, “no es para tanto”, “esto lo hago en un rato”.

¿La procrastinación es un mecanismo de defensa?

La procrastinación puede funcionar como un mecanismo de defensa, porque aplazar te protege en el acto de algo que no quieres sentir. Fuschia Sirois y Timothy Pychyl (2013) lo describen como reparar el ánimo a corto plazo: la tarea incomoda, aplazarla alivia. Ese alivio es la protección.

La psicología no la incluye en las listas clásicas, y tiene sentido que no lo haga: la procrastinación usa varias defensas a la vez. Niegas el plazo, racionalizas la demora, desplazas la angustia al scroll. Lo interesante es lo que todas cuidan. A veces es el miedo a que el resultado diga algo de ti. Si no entregas, nadie puede juzgar tu trabajo. → Miedo al fracaso

A veces es algo más físico. Cuando te exiges más de lo que puedes sostener, aplazar es la forma que encuentras de no romperte. Hay una fuerza en ti que conserva, que frena, que cuida tu energía. Si solo miras esa fuerza, te cuentas que eres flojo o que algo está mal en ti. Si la miras junto con el impulso que quiere avanzar, ves que las dos están intentando que sigas entero. → Causas de la procrastinación

Lo que defiende y lo que te cuesta

Lo que la procrastinación defiende es casi siempre algo que no quieres sentir o ver de ti; lo que te cuesta es todo lo que aplazas mientras te protege. El alivio de no llamar a tu padre hoy y la culpa de no haberlo llamado vienen juntos.

Una defensa sirve mientras protege algo que todavía no puedes mirar. Se vuelve cara cuando sigue funcionando sobre algo que ya podrías enfrentar. El problema empieza ahí: la frase que te protegía una vez se convierte en lo que dices de ti. “Soy así.” “Trabajo mejor bajo presión.” A partir de ese momento usas tu propia capacidad de elegir para confirmarla. → Autosabotaje

Por eso pelear contra una defensa suele reforzarla. Si la tratas como enemiga, protege con más fuerza. Lo que cambia algo es reconocer qué está cuidando. Muchas veces aplazas justo lo que más te importa, porque ya sabes que meterte en eso te va a exponer y te va a costar más de lo que pensaste. Esa exposición es lo que la defensa evita. Y es también lo único que te deja ver qué puedes y qué no.

Si lo que la defensa contiene es una tristeza que no se va, una ansiedad constante o un recuerdo que te desborda, conviene hablarlo con un profesional de la salud mental.

Este sitio se llama El FIN de la procrastinación por esto mismo. Fin es final y también propósito. Una defensa deja de hacer falta cuando entiendes de qué te protegía y decides si todavía lo necesitas. La próxima vez que te escuches decir “mañana lo hago”, pregúntate qué estás evitando sentir hoy. Puede que la respuesta sea frustración, o algo que todavía no sabes nombrar y que solo vas a ver mirándote con honestidad. Lo que hagas en ese instante es tuyo. Y si quieres ver por qué todo esto cumple una función, vuelve a qué es la procrastinación y para qué existe.

Preguntas frecuentes sobre los mecanismos de defensa

¿Cuáles son los mecanismos de defensa más comunes?

Los más comunes son la negación, la racionalización, la proyección, el desplazamiento, la represión y la sublimación.

¿Quién creó los mecanismos de defensa?

Sigmund Freud introdujo la idea de defensa en 1894, y su hija Anna Freud la desarrolló en El yo y los mecanismos de defensa (1936).

¿Los mecanismos de defensa son malos?

Pueden ser útiles. George Vaillant distinguió defensas maduras, como el humor o la sublimación, que se asocian con una vida más estable, de defensas inmaduras que suelen causar más problemas.

¿Qué mecanismo de defensa es decir “trabajo mejor bajo presión”?

Suele ser una racionalización: una explicación razonable que llega después de haber aplazado y que te evita mirar por qué lo hiciste.