el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 7 min de lectura

Adicción al celular: qué es y por qué no puedes soltarlo

La adicción al celular es el uso compulsivo del teléfono: lo revisas sin decidirlo, te cuesta soltarlo y sigues usándolo aunque sabes que te está quitando tiempo, sueño o atención. Lo abres para ver la hora y lo sueltas cuarenta minutos después. Ni siquiera recuerdas qué viste.

Qué es la adicción al celular

La adicción al celular es un patrón de uso del teléfono que se te va de las manos: lo usas más de lo que quieres, te sientes incómodo cuando no lo tienes y te afecta el sueño, el trabajo o tus relaciones. Se usa el término con soltura en la conversación diaria. En la clínica es más discutido, y ahí se habla de uso problemático del teléfono.

La señal más clara suele estar en el gesto, más que en las horas. La mano va al bolsillo antes de que tú decidas nada. Estás en una fila, en un semáforo, esperando que hierva el agua, y el teléfono ya está desbloqueado. Le pasa a casi todo el mundo, así que el problema está en otro lugar: en lo que dejas de hacer mientras tanto.

¿Cómo se llama la adicción al celular?

La adicción al celular suele llamarse nomofobia, del inglés no-mobile-phone phobia: el miedo o la ansiedad de quedarte sin el teléfono, sin batería o sin señal. El término nació en el Reino Unido en 2008, en un estudio que la empresa YouGov hizo por encargo del Post Office británico.

Conviene saber dos cosas. La nomofobia describe sobre todo la angustia de estar sin el celular, que es una parte de la adicción y no toda. Y no figura como diagnóstico oficial en el DSM-5, el manual que usan los psiquiatras. Es una palabra útil para nombrar lo que sientes, y vale la pena usarla con esa medida.

Causas de la adicción al celular

Las causas de la adicción al celular más citadas son el diseño de las aplicaciones, que premian volver una y otra vez, y la necesidad de escapar de algo incómodo: el aburrimiento, la ansiedad, una tarea que no quieres empezar o una conversación que no quieres tener.

Aquí casi siempre aparece la dopamina. Se dice que cada notificación te da una dosis de placer y que por eso no puedes parar. La versión es atractiva y es incompleta. Kent Berridge y Terry Robinson (1998) mostraron que la dopamina tiene más que ver con querer algo que con disfrutarlo. Eso explica bien por qué buscas el teléfono con tanta urgencia y lo disfrutas tan poco. Lo que la explicación química deja sin responder es la pregunta que te importa: por qué, en ese instante, eliges eso sabiendo lo que te cuesta. La dopamina participa en todo lo que haces, también en ir al gimnasio o en llamar a tu padre. Que esté presente en el scroll describe el mecanismo. La elección sigue siendo tuya.

Y hay una causa que pocas veces se nombra: el celular es la forma más disponible de procrastinar que ha existido. Para aplazar el gimnasio tenías que inventarte una excusa. Para aplazar casi cualquier cosa hoy basta con mover el pulgar.

Consecuencias de la adicción al celular

Las consecuencias de la adicción al celular más frecuentes son dormir peor, concentrarte menos, sentirte más ansioso y perder tiempo que después no sabes en qué se fue. También afecta a las personas que tienes al lado.

En la práctica se ve así:

Esa última sensación, el vacío después del scroll, es la consecuencia que más dice. Pasaste horas recibiendo cosas y te quedas con menos de lo que tenías. Si la ansiedad o el desánimo se vuelven constantes, o el uso te impide funcionar en lo básico, consulta a un profesional de la salud mental.

El celular como forma de procrastinar: lo que alimentas crece

El celular es, para la mayoría, la forma más cómoda de procrastinar, y cada vez que lo eliges en lugar de lo que te propusiste, esa elección se vuelve un poco más fácil la próxima vez. Lo que alimentas crece.

Mira el instante con cuidado. Sabes que tienes que parar el scroll y ponerte a trabajar. Crees que estás viendo las dos opciones. Pero no pesan lo mismo. El scroll está en tus manos, en tus ojos, en tu cuerpo entero: lo estás haciendo. El trabajo está en tu cabeza como un pensamiento incómodo. Y desde adentro del scroll, ese pensamiento se siente como algo que viene a interrumpirte, cuando en realidad es tu propia voluntad pidiendo espacio.

Cada vez que eliges en la misma dirección, la elección se entrena. Tu atención se acostumbra a ir hacia el mismo lado y el campo de lo que ves se estrecha. Sigues pudiendo elegir otra cosa. Lo que pasa es que esa otra cosa aparece cada vez menos como posibilidad, como quien dejó de caminar y ya no se piensa como alguien que camina. Las piernas siguen ahí.

Por eso las horas de pantalla engañan. Cada scroll de cinco minutos parece no costar nada. Sumados, entrenan una forma de responder a cualquier incomodidad. Un día te sientas frente a algo importante y no entiendes por qué no puedes sostener la atención diez minutos. Esa parálisis se construyó con muchas decisiones pequeñas, la mayoría sin darte cuenta de que estabas decidiendo. → Hábitos

Y la incomodidad que sientes después, esa voz que dice “otra vez”, es lo que queda de la memoria de que podías. Se puede leer como castigo. También como aviso: todavía puedes. → Autosabotaje · Pereza

Cómo dejar la adicción al celular

Para dejar la adicción al celular, sirve reducir el acceso fácil (notificaciones, aplicaciones a mano, el teléfono en la cama) y, sobre todo, mirar qué estás evitando cada vez que lo agarras, porque si la causa sigue intacta el impulso encuentra otra salida.

Lo digo por experiencia. Borré todas las redes sociales del teléfono. Hice ayunos de dopamina: días enteros sin pantallas, sin música, sin nada que me estimulara. Me ayudaron a ver algo. El ruido baja y te das cuenta de cuántas veces por hora tu mano busca escapar. Pero al menor descuido terminaba en Wikipedia leyendo a qué edad Elon Musk hizo su primer millón. Borras Instagram y terminas revisando el correo doscientas veces.

Vale la pena saber que el psicólogo Cameron Sepah, que popularizó los ayunos de dopamina en 2019, aclaró que el nombre era una metáfora: la idea venía de una técnica conocida de la terapia cognitivo conductual, que consiste en alejarte de lo que dispara la conducta. Un fin de semana sin pantallas no vacía tu cerebro de dopamina. Lo que sí puede pasar es que, con menos estímulo, veas mejor lo que estabas tapando. Si después vuelves al teléfono sin haber mirado eso, el ayuno fue una pausa.

Las medidas prácticas funcionan, y conviene usarlas: el teléfono fuera del cuarto, la pantalla en blanco y negro, las notificaciones apagadas. Trabajan sobre la consecuencia. Te compran unos segundos entre el impulso y la mano. Lo que hagas con esos segundos ya depende de ti. → Cómo dejar de procrastinar

En esos segundos hay una pregunta que sirve: ¿qué estoy evitando ahora? A veces es una tarea. A veces es aburrimiento, o una tristeza que no quieres sentir, o la llamada que llevas semanas aplazando. Cuando lo ves, el teléfono pierde parte de su fuerza, porque deja de ser la respuesta a algo que no sabías que estabas preguntando. Va a seguir costando esfuerzo. El impulso no desaparece porque lo entiendas. Lo que cambia es que empiezas a verlo llegar.

Si el celular es solo una de las formas en que llevas años aplazando tu vida, sigue por procrastinación crónica. Y si quieres entender para qué existe ese impulso que vuelve por otro lado cada vez que lo bloqueas, vuelve a qué es la procrastinación y para qué existe.

La próxima vez que tu mano vaya al bolsillo, tienes un instante antes de desbloquearlo. Ahí también decides.

Preguntas frecuentes sobre la adicción al celular

¿La nomofobia es una enfermedad?

No figura como diagnóstico oficial en el DSM-5. Es un término para describir la ansiedad de estar sin el teléfono, y si esa ansiedad te paraliza conviene consultar a un profesional.

¿Cuántas horas de celular al día es adicción?

No existe un número de horas que marque la adicción. Lo que la define es que lo usas más de lo que quieres, te cuesta parar y te está afectando el sueño, el trabajo o tus relaciones.

¿Funciona el ayuno de dopamina?

Puede ayudarte a notar cuántas veces buscas el teléfono para escapar. No reinicia tu cerebro, y si no miras qué estabas evitando, el impulso vuelve por otro lado.

¿Cómo saber si soy adicto al celular?

Si lo revisas sin decidirlo, te sientes inquieto cuando no lo tienes y sigues usándolo aunque sabes que te perjudica, probablemente tu uso se volvió problemático.