el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 7 min de lectura

Hábitos: qué son y por qué los malos ganan

Un hábito es algo que haces casi sin pensarlo porque lo repetiste muchas veces en la misma situación. Te despiertas y buscas el teléfono. Llegas a casa y abres la nevera. Al principio cada una de esas cosas fue una elección. A fuerza de repetirla, dejó de sentirse como elección. Esta página trata de esa distancia: entre lo que eliges y lo que ya no notas que eliges.

Qué es un hábito

Un hábito es una conducta aprendida por repetición que se dispara sola cuando aparece una señal conocida: un lugar, una hora, una emoción, un objeto. El diccionario lo define como una forma de actuar que se adquiere repitiendo actos iguales o parecidos. La psicología le agrega una pieza clave: el contexto.

Wendy Wood y David Neal (2007) mostraron que los hábitos se guardan asociados a las situaciones donde los repetiste. La cama dispara el teléfono. El sofá dispara la serie. El estrés de las once de la noche dispara el dulce. Por eso tu intención de cambiar puede ser sincera y aun así perder: cuando la señal aparece, la respuesta llega antes que la intención. Esto describe muy bien por qué un hábito se siente automático. Deja abierta otra cosa: tú sigues ahí cuando pasa, y a veces te das cuenta.

Malos hábitos

Los malos hábitos son conductas que repites casi en automático aunque sabes que te perjudican, porque dan algo ahora y cobran después. Esa es la razón principal por la que ganan. El scroll da alivio en un segundo. El gimnasio da resultados en meses. El dulce calma la ansiedad ya. La cita médica que aplazas solo duele el día que llega el diagnóstico.

Ejemplos de malos hábitos que casi todo el mundo reconoce:

Hay otra ventaja que tienen los malos hábitos: su señal está en todas partes. El teléfono vive en tu bolsillo. La comida está a tres pasos. El gimnasio queda a veinte minutos y hay que vestirse. Un mal hábito suele ser el camino que requiere menos de ti en el instante en que eliges.

Cuánto tarda en formarse un hábito

Un hábito tarda en formarse, en promedio, unos dos meses, aunque la variación entre personas es enorme. El estudio más citado es el de Phillippa Lally y su equipo (2010), publicado en el European Journal of Social Psychology. Siguieron durante doce semanas a voluntarios que eligieron una conducta nueva y diaria, como tomar agua con el almuerzo o salir a caminar. La mediana para que la conducta se volviera automática fue de 66 días, con un rango que iba de 18 a 254 días según la persona y la conducta. Las cifras más largas son estimaciones, porque el estudio duró menos que eso.

¿Y los famosos 21 días? Vienen de Maxwell Maltz, un cirujano plástico que en Psycho-Cybernetics (1960) observó que sus pacientes tardaban un mínimo de unos 21 días en acostumbrarse a su nueva cara. Ese mínimo, repetido de libro en libro, se volvió una promesa.

Lally describe con precisión cuánto tarda una conducta en volverse automática. Lo que su estudio no responde es por qué, el día 30, con la conducta a medio camino, eliges dejarla. Ese día la información es la misma que el día uno. Lo que cambió fue lo que elegiste en ese instante.

Hábitos atómicos: lo que sirve y lo que no te dice

Hábitos atómicos (2018), de James Clear, propone que los cambios grandes salen de mejoras pequeñas y constantes, y que un hábito se construye diseñando el entorno más que apretando la voluntad. Es probablemente el libro de hábitos más leído del mundo, y hay mucho en él que sirve.

Lo que sirve:

Yo lo leí, como leí tantos otros. Funcionó tres días. Al cuarto me quedé en el scroll, sabiendo exactamente lo que el libro decía.

Lo que el libro no responde:

La procrastinación como hábito: lo que repites también lo eliges

La procrastinación puede volverse un hábito: cada vez que aplazas en la misma situación, aplazar se vuelve un poco más fácil la vez siguiente. Funciona con el mismo ciclo que cualquier otro: una señal, una respuesta y un alivio inmediato.

Piensa en la primera vez que abriste el teléfono en la cama en lugar de levantarte. Lo notaste. Te dijiste cinco minutos. Hubo un instante en que pudiste elegir otra cosa. La vez número doscientas, tu mano ya tenía el teléfono antes de que abrieras bien los ojos. En el medio hubo ciento noventa y ocho instantes como el primero. En cada uno elegiste lo mismo, y cada uno hizo que el siguiente costara un poco menos de elegir igual.

Eso es lo que entrenas cuando procrastinas. Cada scroll que eliges sabiendo lo que deberías estar haciendo entrena esa elección. Cada vez que dices mañana empiezo y no empiezas, el mañana se vuelve la respuesta más cómoda. Llega un día en que aplazar se siente como algo que te pasa, y empiezas a decir que eres así.

El hábito te convence de que ya no eliges. Aun así, en medio del automático aparecen chispazos: te ves con el teléfono en la mano, te acuerdas de la llamada pendiente, sientes ese malestar que dice otra vez. En esos segundos la elección vuelve a estar delante de ti. Es pequeña y casi siempre incómoda.

Por eso un hábito nuevo te va a seguir costando, aunque cada vez cueste distinto. Lo que se entrena es tu capacidad de notar el instante y de cumplir lo que te prometiste en él. Esa capacidad crece cuando la usas, y se debilita cuando dejas que el automático elija por ti. Si sientes que esa capacidad no te alcanza, sigue por disciplina. Si quieres entender qué pasa en tu cerebro cuando el teléfono gana, por dopamina. Y si aplazar se volvió tu forma de vivir hace años, por procrastinación crónica.

Ahora mismo hay algo que repites casi sin verlo. La próxima vez que aparezca, quizá lo notes un segundo antes. Ese segundo sigue siendo tuyo. → Cómo dejar de procrastinar · Qué es la procrastinación y para qué existe

Preguntas frecuentes sobre los hábitos

¿Cuántos días se necesitan para crear un hábito?

Según Lally y su equipo (2010), la mediana es de 66 días, con casos que van de 18 a 254. Depende de la persona y de lo difícil que sea la conducta.

¿Es verdad que un hábito se forma en 21 días?

No hay evidencia de que 21 días baste. La cifra viene de Maxwell Maltz (1960), que habló de un mínimo de unos 21 días para adaptarse a cambios físicos, y se repitió hasta volverse regla.

¿Qué pasa si rompo la racha de un hábito?

Fallar un día suelto casi no afecta la formación del hábito, según el mismo estudio de Lally. Lo que más pesa suele ser lo que eliges el día siguiente.

¿Cómo dejar un mal hábito?

Identifica la señal que lo dispara y aléjala cuando puedas, y prepárate para el instante en que igual aparezca: ahí es donde eliges. Si un hábito te domina hasta afectar tu salud o tu vida diaria, consulta a un profesional.