el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 7 min de lectura

Disciplina: qué es y por qué te dura tres días

La disciplina es la capacidad de hacer lo que te propusiste aunque no tengas ganas, y de seguir haciéndolo con el tiempo. Casi todo el mundo la ha intentado conseguir a la fuerza: el despertador a las cinco, el agua helada, la dieta estricta desde el lunes. Y casi todo el mundo conoce lo que pasa al cuarto día.

Qué es la disciplina

La disciplina, en su significado más usado, es la práctica de actuar según lo que decidiste y no según lo que te pide el momento. Como definición de disciplina: un orden que sigues de forma sostenida para lograr algo, sea una regla que te pones tú o una que viene de afuera. Una persona disciplinada es la que cumple ese orden también los días en que preferiría no hacerlo.

La palabra tiene una historia que vale la pena conocer. Viene del latín disciplina, emparentada con discipulus, el alumno, el que aprende, y con el verbo discere, aprender. En latín la palabra nombraba la enseñanza, la instrucción, lo que se aprende. Con los siglos se fue cargando de corrección y de castigo, y hoy cuando alguien dice “me falta disciplina” casi siempre piensa en apretarse, en castigarse por fallar.

Mirarla desde su origen cambia la pregunta. Un discípulo pasa años practicando lo mismo, se equivoca, vuelve a intentarlo, y de a poco lo hace mejor. Desde ahí, la falta de disciplina se parece mucho más a falta de entrenamiento que a un defecto de carácter. Tienes la capacidad de elegir lo que te propusiste. Lo que varía es cuánto la has ejercitado.

Qué es la autodisciplina

La autodisciplina es la disciplina que te impones tú mismo, sin un jefe, un entrenador o un horario externo que te obligue. Es la que necesitas para ir al gimnasio un sábado, comerte la ensalada cuando nadie te ve o llamar a tu padre aunque ninguna alarma te lo recuerde.

Es la más difícil de sostener por una razón simple: cuando fallas, nadie se entera. Solo tú. Y ahí está su peso real. La autodisciplina se juega en el momento en que estás a solas contigo y decides fallarte o no. Cada vez que te fallas, aprendes que tu palabra contigo vale un poco menos. Cada vez que cumples algo pequeño que te prometiste, la confianza en ti se reconstruye un poco.

Por eso conviene mirar con cuidado qué te prometes. Si tu autodisciplina depende de cumplir promesas enormes, vas a pasar más tiempo fallándote que cumpliendo. → Autoexigencia

¿La disciplina marcará tu destino?

La disciplina marcará tu destino en parte: sostener un esfuerzo durante años cambia lo que logras, y a la vez nadie puede predecir tu vida por lo disciplinado que eres hoy. La frase se volvió popular con el libro de Ryan Holiday Discipline Is Destiny (2022), publicado en español como La disciplina marcará tu destino, el segundo de su serie sobre las virtudes estoicas. Holiday la presenta como dominio de uno mismo. Es una lectura que inspira, y comparte un límite con casi todo lo que inspira: te cuenta cómo vivieron otros y te deja solo frente a tu propio martes.

La psicología tiene su versión de la misma idea. Walter Mischel, en Stanford, a finales de los años sesenta, le ofrecía a niños pequeños un dulce ahora o dos si esperaban unos minutos. Años después, Yuichi Shoda, Mischel y Philip Peake (1990) reportaron que los niños que habían esperado más tenían mejores resultados en la adolescencia. Así nació la idea de que el autocontrol de un niño de cuatro años anticipa su futuro.

En 2018, Tyler Watts, Greg Duncan y Haonan Quan repitieron el estudio con una muestra más grande y más diversa. La relación apareció mucho más débil, y se achicaba todavía más al tener en cuenta el entorno familiar y económico de cada niño. Un niño que no sabe si mañana habrá comida tiene buenas razones para agarrar el dulce que tiene enfrente. El debate sigue abierto y otros investigadores han defendido parte del valor de la prueba. Lo que deja claro es esto: la capacidad de esperar depende mucho del contexto en el que aprendiste a esperar.

Lo que ninguno de los dos responde es lo que te pasa a ti hoy. Puedes estar de acuerdo con cada página de Holiday y aun así apagar el despertador.

Disciplina y procrastinación: por qué se rompe

La disciplina se rompe porque casi siempre la usamos para controlar la consecuencia, y la causa por la que aplazas sigue intacta. El despertador a las cinco controla la hora a la que te levantas. El agua helada controla cómo empieza tu mañana. La dieta controla lo que comes. Ninguna de esas reglas toca lo que pasa dentro de ti en el instante en que eliges otra cosa.

Yo lo probé todo. Me levanté a las cinco. Me metí en agua helada. Hice ayunos de dopamina y contraté un coach que me hacía seguimiento cada mañana y cada tarde. Cada intento funcionó tres días. Al cuarto, la otra parte de mí, la que había estado callada mientras yo apretaba los dientes, volvía con más fuerza. Y yo terminaba otra vez en Wikipedia, leyendo a qué edad Elon Musk hizo su primer millón, con una culpa más en la lista.

Te prohíbes el celular y empiezas a revisar el correo doscientas veces. Te prohíbes el dulce un mes y el día treinta y uno te comes la caja entera. La procrastinación cumple una función, y mientras esa función siga sin cumplirse va a buscar otra salida. → Para qué existe la procrastinación

Aun así, la disciplina hace falta. Cuando procrastinas también te falta disciplina, en el sentido de entrenamiento. Lo que pasa es que la disciplina impuesta a la fuerza suele trabajar dentro de un circuito cerrado: lo que te mueve empieza y termina en ti. Quiero verme bien, quiero rendir más, quiero dejar de sentirme mal. Cuando todo el motivo eres tú, cualquier mañana fría alcanza para convencerte de que hoy da igual. Ahí la regla más estricta se queda sin nada que la sostenga.

Cómo ser disciplinado

Para ser disciplinado, elige una sola cosa que te propones, hazla en el momento en que toca aunque no tengas ganas, y repítelo hasta que deje de ser una excepción. Así se tiene disciplina: practicando, como el discípulo, más que castigándote cuando fallas.

Piensa en dos personas que empezaron a correr el mismo enero. En diciembre una corre diez kilómetros y la otra sigue pensando en empezar. Las dos tienen las mismas piernas y las mismas mañanas frías. La diferencia está en cuántas veces una salió a correr sin tener ganas. Con la disciplina pasa lo mismo: la diferencia entre alguien que se cuida y alguien que no muchas veces está en que uno no lo pospuso, una y otra vez.

Hay una parte que casi nadie dice. El esfuerzo nunca desaparece. Con la práctica cambia de lugar, se hace más fino, y sigue ahí. Quien te promete que un día ir al gimnasio no te va a costar nada te está preparando para dejar de mirar lo que haces. Y dejar de mirar lo que haces es justo lo que abre la puerta a aplazar.

Y mira para qué lo haces. Una disciplina que solo te tiene a ti como razón se rompe fácil. Una que incluye a alguien más aguanta mejor. Ir al médico porque tus hijos te necesitan pesa distinto que ir porque toca. → Cómo dejar de procrastinar

Cómo ser constante

Ser constante es seguir haciendo algo con regularidad durante el tiempo que necesita, también en las semanas en que no ves resultados. Para ser constante, mide lo que te prometes con lo que puedes sostener hoy y cumple eso, aunque parezca poco.

La constancia se rompe más por exceso que por falta. Te prometes una hora de ejercicio diaria, fallas el miércoles y el jueves ya no vuelves, porque la racha se perdió. Diez minutos que cumples valen más para tu confianza que una hora que abandonas. Y cuando fallas un día, el día siguiente sigue disponible. La decisión vuelve a estar en tus manos cada vez que toca actuar.

Si esperas a tener ganas para empezar, la constancia depende de algo que va y viene. → Motivación · Fuerza de voluntad

Seguramente hoy tienes algo que te prometiste hacer y todavía no hiciste. Para eso alcanza el instante en que toca hacerlo, y lo que elijas en él.

Preguntas frecuentes sobre la disciplina

¿Qué es ser una persona disciplinada?

Es alguien que hace lo que se propuso también cuando no tiene ganas, de forma sostenida. Ninguna persona disciplinada cumple el cien por ciento de las veces; lo que la distingue es que vuelve a la práctica después de fallar.

¿Cuál es la diferencia entre disciplina y motivación?

La motivación son las ganas de hacer algo, y suben y bajan. La disciplina es hacerlo aunque las ganas no estén, por eso dura más cuando sabes para qué lo haces.

¿La disciplina se puede aprender?

Sí. Se entrena como cualquier habilidad, practicando lo que te propusiste en el momento en que toca, empezando por compromisos pequeños que sí puedes cumplir.

¿Cuánto tiempo se tarda en ser disciplinado?

No hay un plazo fijo. Depende de la persona y de lo que te propones, y el esfuerzo sigue presente aunque con la práctica se vuelva más llevadero.