el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 7 min de lectura

Estrés: qué es y el que te deja lo que aplazas

El estrés es la respuesta de tu cuerpo y tu mente ante algo que sientes como una exigencia o una amenaza. El corazón se acelera, los músculos se tensan y la atención se cierra sobre el problema. En dosis cortas te ayuda; cuando no se apaga, te desgasta. Una parte del estrés que cargas cada día viene de algo que casi nadie cuenta: lo que llevas semanas aplazando.

Qué es el estrés

El estrés es la reacción del organismo para adaptarse a una presión, sea un examen, una deuda, una discusión o una entrega mañana a las nueve. Tu cuerpo se prepara para actuar.

El concepto viene del médico Hans Selye. En 1936 publicó en la revista Nature un trabajo en el que describía cómo ratas expuestas a daños muy distintos, como frío, heridas o ciertas sustancias, desarrollaban la misma reacción de fondo. La llamó síndrome general de adaptación y la dividió en tres fases: alarma, resistencia y agotamiento. Años después distinguió dos caras: el eustrés, la presión que te activa y te ayuda a rendir, y el distrés, la que te supera y te enferma.

Esa idea sigue siendo útil. El cuerpo responde parecido ante amenazas muy diferentes, y reacciona de forma parecida ante un perro que te ladra y ante un correo de tu jefe. Lo que el modelo de Selye no responde es por qué tantas veces la amenaza la fabricas tú: la tarea que podías haber hecho el lunes y que el jueves ya se volvió urgente.

La hormona del estrés

La hormona del estrés más conocida es el cortisol, que producen las glándulas suprarrenales, encima de los riñones. Cuando percibes una amenaza, el cuerpo libera primero adrenalina, que acelera el corazón en segundos, y después cortisol, que sube el azúcar en la sangre para que tengas energía y pone en pausa funciones que en ese momento no son prioridad, como la digestión.

Explicado simple: el cortisol mantiene encendida la alarma mientras el problema dura. Cuando pasa, baja. El problema aparece cuando el problema nunca pasa del todo. Si cada noche te acuestas con la entrega pendiente, la llamada que no hiciste y el médico que sigues moviendo, la alarma tiene razones para seguir prendida.

Síntomas del estrés

Los síntomas del estrés más comunes son tensión en el cuerpo, irritabilidad, problemas para dormir y dificultad para concentrarte. Varían mucho de una persona a otra, pero suelen aparecer en tres frentes:

Ese último punto merece atención. Cuando estás estresado, aplazar se siente como un respiro. Y el respiro de hoy se suma a la lista de mañana.

El estrés y la ansiedad se parecen y a veces van juntos. El estrés suele tener una causa que puedes señalar y tiende a bajar cuando esa causa se resuelve. La ansiedad puede seguir aunque no haya nada concreto delante. Esta lista sirve para reconocer señales, sin diagnosticar nada. Si los síntomas son intensos o no se van, consulta a un médico o a un profesional de la salud.

Estrés crónico

El estrés crónico es el que se mantiene durante semanas o meses sin que llegue la fase de descanso. El cuerpo se queda en modo resistencia, el que describió Selye, y con el tiempo empieza a pasar la cuenta: sueño que no repara, defensas más bajas, cansancio de fondo, mal humor que ya parece parte de tu carácter.

Hay estrés crónico que viene de afuera y no depende de ti: una enfermedad en la familia, un barrio peligroso, un sueldo que no alcanza. Y hay otro que crece por acumulación. Ninguna de las cosas pendientes es grave sola. Juntas forman un ruido que no se apaga. La muela, el mensaje sin contestar, el proyecto que ibas a empezar este mes. Todas a la vez te quitan el sueño a las cuatro de la mañana.

Estrés laboral

El estrés laboral es el que nace del trabajo: demasiada carga, plazos imposibles, poco control sobre lo que haces o un ambiente que te desgasta. Cuando ese estrés se vuelve crónico y no logras manejarlo, puede convertirse en burnout, un agotamiento que el descanso del fin de semana ya no repara. Lo explico a fondo, con síntomas y cómo salir, en síndrome de burnout.

Aquí basta un detalle. En el trabajo, buena parte de la presión la pone la empresa. Otra parte la ponen las tareas que fuiste dejando para el final hasta que se juntaron en la misma semana.

Estrés y procrastinación: alivio hoy, más carga mañana

El estrés y la procrastinación se alimentan entre sí: aplazar te quita estrés en el momento y te lo devuelve más grande después. Dianne Tice y Roy Baumeister (1997) siguieron a estudiantes durante un semestre. Al principio, los que procrastinaban estaban menos estresados y se enfermaban menos que sus compañeros. Al final del semestre estaban más estresados, reportaban más síntomas de enfermedad y sacaron peores notas. Sumando todo el periodo, cargaron más estrés que los demás.

Fuschia Sirois, con Michelle Melia-Gordon y Timothy Pychyl (2003), encontró algo parecido en la salud: quienes más procrastinan reportan más estrés y más problemas de salud. En 2007 Sirois repitió el estudio con adultos fuera de la universidad y el estrés volvió a aparecer como el puente entre aplazar y enfermarse.

Lo he vivido de las dos maneras. Me decían Mister Finalista. Lo que debía hacer en meses lo hacía en una noche, y a veces salía bien. Las semanas anteriores eran tranquilas, casi agradables. La última noche era café, taquicardia y la promesa de que la próxima vez empezaría antes. Tardé doce años en terminar una carrera de cinco, y esa noche la repetí muchas veces.

Estos estudios describen muy bien el patrón: el alivio de hoy se paga con intereses mañana. Lo que dejan sin responder es por qué lo repites conociendo el precio. Ya sabes cómo te vas a sentir el domingo en la noche con la entrega del lunes sin empezar. Lo sabías también el martes, cuando elegiste otra cosa.

Ahí el estrés tiene una función. Funciona como el aviso de que algo que reconoces como importante sigue esperando. Primero susurra: una tensión leve, un deberías. Si no escuchas, sube el volumen: insomnio, irritabilidad, el estómago cerrado. Cuanto más lo ignoras, más fuerte tiene que hablar. Y a veces el ruido se queda en la cabeza, dando vueltas a lo que harás sin hacerlo. → Sobrepensar

Cómo quitar el estrés

Para quitar el estrés, lo que mejor funciona es dormir lo suficiente, mover el cuerpo, hablar con alguien de confianza y reducir la carga real que tienes encima. Ninguna de estas cosas lo borra de un día para otro, pero todas tienen apoyo.

Buena parte del estrés de quien procrastina es lo pendiente. Puedes respirar hondo y salir a correr, y la entrega sigue ahí, igual que la llamada a tu padre. El cuerpo sigue en alarma porque la amenaza sigue en pie. Relajarte calma el síntoma un rato. Hacer lo que aplazas quita una de las causas.

Por eso a veces el alivio más grande llega después de cinco minutos incómodos: contestar el correo, pedir la cita, mandar el primer párrafo. Esa tarea casi nunca era tan pesada como el tiempo que pasaste cargándola. Hacerla sigue costando esfuerzo, y ese esfuerzo pesa bastante menos que seguir cargándola. → Cómo dejar de procrastinar

Si quieres ver todo lo que el aplazamiento cobra, en el cuerpo, en el trabajo y en tu gente, está en consecuencias de la procrastinación.

Seguramente ahora mismo hay algo en tu lista que te tensa los hombros cada vez que lo recuerdas. Ese estrés te está diciendo dónde está. Y si quieres entender por qué la procrastinación insiste en mostrártelo, vuelve a qué es la procrastinación y para qué existe.

Preguntas frecuentes sobre el estrés

¿Cuál es la hormona del estrés?

La principal es el cortisol, que liberan las glándulas suprarrenales para darte energía ante una amenaza. La adrenalina también participa y actúa más rápido.

¿Cuál es la diferencia entre estrés y ansiedad?

El estrés suele responder a una causa concreta y baja cuando esa causa se resuelve. La ansiedad puede mantenerse sin un motivo claro delante; si es persistente, consulta a un profesional.

¿Cuánto tiempo puede durar el estrés?

El estrés agudo dura lo que dura la situación que lo provoca. Cuando se mantiene durante semanas o meses se considera estrés crónico y conviene atenderlo.

¿El estrés puede causar síntomas físicos?

Sí. Dolor de cabeza, tensión muscular, problemas de estómago y de sueño son frecuentes; si son intensos o no se van, consulta a un médico.