el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 7 min de lectura

Crisis existencial: qué es y qué te está preguntando

Una crisis existencial es un periodo en el que pierdes el sentido de lo que haces y te preguntas para qué vives, sin encontrar una respuesta que te sostenga. Te levantas, cumples, vuelves a casa, y algo en ti pregunta para qué. La rutina sigue funcionando. Tú ya no sabes por qué la sigues.

Qué es una crisis existencial

Una crisis existencial es el choque entre la vida que llevas y la pregunta por su sentido, cuando las respuestas que antes te servían dejan de convencerte. El trabajo, la pareja, las metas que perseguías: todo sigue ahí, y de golpe nada de eso alcanza para explicar por qué te levantas.

El psiquiatra Irvin Yalom (1980) agrupó las grandes preocupaciones que suelen estar detrás de estas crisis en cuatro: la muerte, la libertad, el aislamiento y la falta de sentido. La lista ayuda a ponerle nombre a lo que sientes. Deja algo afuera que cualquiera que haya pasado por esto reconoce: la crisis casi nunca llega por pensar en la muerte en abstracto. Llega un martes, frente a algo concreto que llevas años aplazando.

Hay una forma de verla que cambia la pregunta. La crisis funciona como un llamado de consciencia. Primero susurra: un cansancio raro, una incomodidad que no sabes de dónde viene. Si no escuchas, sube el volumen. Pierdes las ganas, discutes con quien quieres, te cuesta levantarte. Si sigues sin escuchar, grita. Y cuando grita, ya no te deja seguir como si nada.

Síntomas de una crisis existencial

Los síntomas de una crisis existencial más frecuentes son la sensación de vacío, la pregunta constante por el sentido de lo que haces y la pérdida de interés por cosas que antes te importaban. Suelen aparecer de estas formas:

Ese último síntoma casi nadie lo cuenta como parte de la crisis. Es la forma más común de atravesarla sin mirarla. El scroll de las dos de la mañana tapa la pregunta durante un rato. Al día siguiente sigue ahí, y un poco más grande.

Crisis existencial y depresión

Una crisis existencial y una depresión pueden parecerse y a veces se mezclan, aunque son experiencias distintas: la crisis gira alrededor de la pregunta por el sentido, y la depresión es un trastorno que afecta el ánimo, el sueño, la energía y el cuerpo durante semanas. Una puede llevar a la otra.

Si la tristeza no se va, si dejaste de dormir o de comer, si sientes que nada vale la pena o te cuesta funcionar en lo básico, consulta a un profesional de la salud mental. Esta página no reemplaza esa conversación.

Lo que sí puedo contarte es cómo se ve el camino desde adentro. Primero aplazas algo pequeño. Después aplazas casi todo. Las consecuencias llegan: el trabajo que se pierde, la pareja que se cansa, el cuerpo que empieza a cobrar. Y un día te descubres hundido, preguntándote cómo llegaste hasta ahí, sin una causa visible. La causa existe. Se fue acumulando en muchos días.

La crisis existencial según la filosofía

La filosofía estudia la crisis existencial como el encuentro del ser humano con la falta de un sentido dado de antemano, y dos de sus voces más citadas son Friedrich Nietzsche y Viktor Frankl.

Nietzsche anunció en La gaya ciencia (1882) que “Dios ha muerto”: las certezas que durante siglos le habían dado sentido a la vida de la gente ya no se sostenían, y el ser humano quedaba frente al vacío. Su apuesta fue que cada uno tendría que crear sus propios valores. Es una idea poderosa. Tiene un costo que él mismo intuyó: un sentido que construyes solo con tu mente lo puede desarmar tu mente en una mala semana.

Viktor Frankl sobrevivió a los campos de concentración nazis y escribió El hombre en busca de sentido (1946). Ahí cita una frase de Nietzsche que se volvió famosa: quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo. Frankl llamó vacío existencial a la experiencia de no encontrar ese porqué, y observó que se manifiesta sobre todo como aburrimiento. Habló también de la neurosis del domingo: el vacío que aparece cuando se acaba la prisa de la semana y no queda nada que hacer.

Frankl describe con precisión lo que muchos sienten. Su respuesta es que el sentido se descubre en lo que haces, en quien amas y en la actitud ante lo que no puedes cambiar. Lo que su libro no resuelve es lo que te pasa a ti al cerrarlo: puedes estar de acuerdo con cada página y seguir sin moverte del sofá. Entender el sentido y vivirlo siguen siendo dos cosas distintas.

Procrastinar tu propia vida

Procrastinar tu propia vida es aplazar, durante años, lo que sabes que te importa: el cuerpo que quieres cuidar, la conversación pendiente, el proyecto que vive en tu cabeza. Muchas crisis existenciales son la cuenta acumulada de ese aplazamiento.

Mírala de cerca. Cada vez que dices “el lunes empiezo”, la vida que querías se corre una semana. Una semana no parece nada. Diez años de lunes sí. Y un día te sientas a pensar para qué vives y la pregunta duele tanto porque la respuesta lleva tiempo esperando que hagas algo con ella.

Hay un caso que confunde. Alguien que cumplió todo: la carrera, la casa, la pareja. Y aun así siente que desperdicia su vida. Racionalmente no tiene sentido. En la procrastinación esa misma sensación aparece como culpa por no hacer lo que te prometiste. En quien lo logró todo aparece como vacío. Las dos apuntan a lo mismo: hay algo en ti que no se resuelve con cumplir metas ni con dejar de cumplirlas.

Por eso existe un propósito en vivir con falta de propósito. Esa temporada en la que nada te hace sentido también te muestra algo: que estabas viviendo solo para ti, que te exigías un destino más grande del que podías cargar, o que llevas demasiado tiempo aplazando lo que sí sabías. Pasé años en esa pregunta. Mientras tanto, los demás decían que yo tenía mucho potencial, y yo sentía que me estaba quedando sin vida para usarlo. → Procrastinación crónica

Cómo superar una crisis existencial

Para superar una crisis existencial, empieza por escuchar lo que te está pidiendo y responde con algo que hagas hoy, aunque sea pequeño: la crisis se mueve cuando tu vida se mueve, y rara vez antes.

Buscar la respuesta definitiva puede volverse otra forma de aplazar. Lees, reflexionas, haces tests de personalidad, y la llamada a tu padre sigue pendiente. Pensar por qué no vives puede volverse una excusa más para no vivir. → Propósito de vida

Una pregunta que sirve en los días grises: ¿a quién le llega lo que hago hoy? Cuando estás en crisis es fácil creer que tu vida empieza y termina en ti. Es una verdad a medias. Alguien espera esa llamada. Alguien se va a tener que ocupar de ti si dejas de cuidarte. Los sentidos que más aguantan suelen tener a otra persona adentro.

Y acepta dónde estás. Ese lugar, perdido y sin sentido, es tu lugar en el mundo hoy. Aceptarlo se parece poco a resignarte: dentro de lo que estás viviendo hay cosas que sirven, y desde ahí se decide el paso siguiente. Va a costar esfuerzo. Lo que cambia es para qué lo haces.

La crisis va a seguir preguntando. Puedes dejar de taparla. Si sientes que esto te llegó alrededor de los treinta, sigue por crisis de los 30. Y si quieres ver por qué la procrastinación también te muestra esto, vuelve a qué es la procrastinación y para qué existe.

Preguntas frecuentes sobre la crisis existencial

¿Cuánto dura una crisis existencial?

No tiene una duración fija. Puede durar semanas o años, y suele aflojar cuando empiezas a responderle con lo que haces y no solo con lo que piensas.

¿La crisis existencial es una enfermedad?

No figura como diagnóstico clínico. Puede acompañar a la ansiedad o a la depresión, y si te paraliza o la tristeza no se va, conviene consultar a un profesional.

¿A qué edad da la crisis existencial?

Puede aparecer a cualquier edad. Suele asomar en momentos de cambio: al terminar los estudios, alrededor de los treinta, a mitad de la vida o tras una pérdida.

¿Qué hacer en una crisis existencial?

Escucha lo que te está señalando, deja de taparlo con distracciones y haz hoy algo concreto que llevas tiempo aplazando. Si el malestar te supera, busca ayuda profesional.