el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 7 min de lectura

Crisis de los 30: qué es y por qué duele

La crisis de los 30 es un periodo de malestar que suele aparecer entre los veinticinco y los treinta y cinco años, cuando miras la vida que llevas y no la reconoces como la que pensabas tener. El trabajo, la pareja, la ciudad, el cuerpo: todo está ahí, y algo en ti pregunta si era esto. Duele tanto porque a esa edad empiezas a sentir que el tiempo para cambiarlo ya no es infinito.

Qué es la crisis de los 30

La crisis de los 30 es la sensación de haberte quedado atrás respecto de lo que esperabas de ti, acompañada de dudas sobre el trabajo, la pareja y el rumbo de tu vida. En inglés se la conoce como quarter-life crisis, la crisis del cuarto de vida.

Se reconoce en cosas pequeñas. Un amigo anuncia que se casa y te alegras con un nudo en el estómago. Ves en Instagram a alguien de tu promoción abriendo su negocio y cierras la aplicación. Un domingo por la noche piensas en el lunes y sientes que no podrías hacer eso diez años más. Haces cuentas: si a los treinta estás así, ¿cómo vas a estar a los cuarenta?

La edad pesa menos que la comparación entre dos listas: la de lo que imaginabas a los veinte y la de lo que hay hoy.

Crisis de los 30 en hombres

En muchos hombres la crisis de los 30 aparece como una presión por haber llegado a algo: un puesto, un ingreso, un negocio propio, la sensación de poder sostener a otros. Cuando eso no llegó, o llegó y no llena, la pregunta se vuelve personal: ¿qué valgo yo?

Es una presión real para muchos, y no describe a todos. Hay hombres a los que les pesa más la pareja que la carrera, o el cuerpo, o la relación con su padre. Lo que sí se repite con frecuencia es la forma de cargarla: en silencio. Se habla poco, se trabaja más, se sale más, se pasa más tiempo en el teléfono. La crisis queda tapada y sigue ahí.

A mí me tocó del lado del potencial. Durante años todo el mundo me decía que tenía mucho potencial. A los treinta, esa frase empezó a sonar distinto. Seguía siendo cierta y ya no servía de nada. El potencial que no se usa, con el tiempo, se siente como una deuda.

Crisis de los 30 en mujeres

En muchas mujeres la crisis de los 30 llega con una presión que se cruza por varios lados a la vez: el trabajo, la pareja, la decisión de tener hijos o no tenerlos, y el reloj biológico que el entorno se encarga de recordar en cada reunión familiar.

Cada mujer vive esto de forma distinta. Hay quien siente que tiene que elegir entre su carrera y su familia, y hay quien no siente esa tensión en absoluto. Hay quien lo tiene todo resuelto según los demás y se siente vacía, y quien no encaja en lo que se esperaba de ella y se siente en paz. Lo que suele repetirse es la sensación de que hay un calendario externo que te mide, y de que vas tarde respecto de él aunque nadie te haya preguntado si ese calendario era el tuyo.

En hombres y en mujeres la presión cambia de forma. El dolor de fondo se parece bastante: la distancia entre la vida que llevas y la que querías.

La vida no vivida: lo que aplazaste hasta aquí

Una parte grande de la crisis de los 30 es la factura de lo que fuiste aplazando durante los veinte: la carrera que no terminaste, el negocio que no arrancaste, la conversación con tu pareja que nunca tuviste, el cuerpo que ibas a cuidar desde el lunes.

Steven Pressfield abre The War of Art (2002) con una idea que se queda: la mayoría tenemos dos vidas, la que vivimos y la vida no vivida que llevamos dentro. Entre las dos se interpone algo que nos frena. Yo lo llamo procrastinación.

Mira cómo funciona. A los veintitrés, aplazar el gimnasio una semana no cuesta nada. Aplazar el proyecto un año tampoco: hay tiempo. Cada aplazamiento por separado parece inofensivo. Lo que no ves es que se suman. Y un día cumples treinta y la cuenta llega toda junta. Tardé doce años en terminar una carrera de cinco. Ninguno de esos años, por sí solo, me pareció grave. Los doce juntos sí.

Por eso la crisis duele tanto a esta edad. A los veinte, la vida no vivida era una promesa. A los treinta empieza a parecerse a una pérdida. Esa vida sigue disponible en gran parte, y por primera vez sientes que puede no estarlo para siempre.

Aquí está la función de la crisis. El malestar que sientes es lo que queda en ti de la voluntad que aplazaste, insistiendo. Si no te importara, no dolería. Que duela te dice que todavía puedes. Lo que se debilitó con los años fue la costumbre de elegirlo. → Procrastinación crónica

Y hay una trampa en este punto. Muchos responden a la crisis de los 30 con otra ronda de planes: el curso, el libro, el test de personalidad, el plan a cinco años. Planear la vida no vivida puede volverse otra forma de seguir sin vivirla. Si lo que te frena es el miedo a intentarlo y que no salga, eso tiene su propia página: miedo al fracaso.

¿Existe la crisis de los 30?

La crisis de los 30 existe como experiencia que mucha gente describe, aunque no es un diagnóstico clínico ni ocurre exactamente a los treinta.

El término se popularizó con un libro de entrevistas: Quarterlife Crisis, de Alexandra Robbins y Abby Wilner (2001). Ellas la describieron como una respuesta a la inestabilidad y al exceso de opciones de los primeros años de vida adulta. El libro reúne testimonios. Sirve para ponerle nombre a lo que sientes. No mide cuánta gente la vive ni por qué.

Después llegó la investigación. El psicólogo Oliver Robinson, de la Universidad de Greenwich, estudió con sus colegas cincuenta entrevistas de personas que habían pasado una crisis entre los veinticinco y los treinta y cinco años (Robinson, Wright y Smith, 2013). Propusieron cuatro fases: sentirte atrapado en un compromiso que ya no quieres, separarte de él, explorar y reconstruir. Su conclusión tiene algo valioso: en muchos casos la crisis termina en compromisos más alineados con lo que la persona valora.

El modelo describe bien el recorrido. Deja una pregunta sin responder. La primera fase es sentirte atrapado en un trabajo o una relación que ya no quieres. ¿Por qué tanta gente se queda ahí años antes de moverse? Muchas veces la decisión de salir también se aplaza. La crisis de los 30 puede venir de lo que nunca empezaste o de lo que nunca te atreviste a terminar. En los dos casos hay algo que esperó demasiado.

Si el malestar se convierte en tristeza que no se va, si te cuesta dormir, comer o funcionar en lo básico, consulta a un profesional de la salud mental. Una crisis y una depresión pueden mezclarse, y esa diferencia la tiene que ver alguien que te conozca.

Si la pregunta que te hace la crisis es más amplia que tu edad, para qué vives, sigue por crisis existencial. Si lo que buscas es hacia dónde ir, está propósito de vida.

La crisis de los 30 te pone delante, con nombre y apellido, la vida que fuiste dejando para después. Puedes volver a taparla con un plan nuevo. O puedes mirar qué de esa lista se puede tocar hoy. La llamada que llevas meses posponiendo, la primera hora en el proyecto, la conversación pendiente. Va a costar esfuerzo, igual que a los veinte. Lo que cambió es que ahora sabes lo que cuesta no hacerlo. → Qué es la procrastinación y para qué existe

Preguntas frecuentes sobre la crisis de los 30

¿A qué edad empieza la crisis de los 30?

Suele aparecer entre los veinticinco y los treinta y cinco años. Ese es el rango que usan los estudios de Oliver Robinson sobre la crisis del adulto joven.

¿Cuánto dura la crisis de los 30?

No tiene una duración fija. Puede durar meses o años, y suele aflojar cuando empiezas a mover algo concreto de tu vida en lugar de solo pensarlo.

¿Qué es la quarter-life crisis?

Es el nombre en inglés de la crisis de los 30, la crisis del cuarto de vida. Lo popularizaron Alexandra Robbins y Abby Wilner en 2001.

¿Es normal sentirse perdido a los 30?

Es una experiencia muy frecuente y no significa que algo esté mal en ti. Si la sensación te paraliza o viene con tristeza constante, conviene hablarlo con un profesional.